Tener un socio


En el mundo de la fotografía, tener un socio, un compañero, un ayudante, un asistente o simplemente alguien en el que confiar, es imprescindible.
 
No tiene por qué estar en todos los trabajos; y puede incluso no estar en ninguno. Puede ayudarte únicamente en la fase de postproducción o simplemente ayudando a decidir las imágenes que se incluirán en el proyecto final.
 
Yo personalmente trabajo casi siempre solo. Me gusta estar solo. Necesito estar solo. Me da cierta vergüenza fotografiar mientras otros me miran. Con personas cerca (más aún si miran como trabajo) pierdo ese momento íntimo que necesito para disfrutar realmente de la fotografía.
 

 
Aun así, hay veces que necesito a alguien que me ayude en ciertas ocasiones. Bien por ser un trabajo complicado en el que necesito un ayudante o porque no se elegir entre las imágenes que he tomado (cosa que me pasa constantemente).
 
En esta fase del trabajo, en la elección de las fotografías, me considero un desastre. Me cuesta mucho elegir entre las fotografías que he hecho. Ya sea porque a algunas les tengo un cariño especial o porque a otras no les veo nada destacable, acabo seleccionando demasiadas o desechando la mayoría.
 
Aquí mi ayudante es imprescindible. Me da su punto de vista sobre lo que ve y me aporta esa visión que yo no encontraba, haciendo que la elección de las fotografías sea más sencilla.
 

 
Este ayudante, al que he tratado como varón, machismo innato en la escritura, se llama Elena. Y no es varón, ya habréis caído.
 
Elena, mi ayudantA, mi sociA, mi colegA, logra el raciocinio en mis locuras o la locura en mis momentos racionales. Elige las mejores imágenes y desecha las malas sin contemplaciones (¡Alabada sea!). En trabajos complejos me ayuda a ver más a allá del visor e ilumina con sus ideas el apagón que yo suelo sufrir.
 
Ella es mucho más creativa que yo y sólo con robarle sus ideas, las mias cobran vida. Ya lo dijo un tipo mucho más listo que todos nosotros, “los grandes artistas copian, los genios roban”.
 
Para mí, ella es imprescindible en mi trabajo. A pesar que siga defendiendo la soledad en la (mi) fotografía y siempre quiera fotografiar solo, no puedo evitar querer fotografiar siempre con ella. Paradojas de la vida.
 

 
Mi consejo es, que en el mundo de la fotografía (y en el otro mundo, ¿el real?) tengas una Elena cerca para ponerte los pies en el suelo o para que te haga volar cuando estés empezando a enraizarte.
 
Que tu ego de fotógrafo, ese que viene con la compra de la primera cámara, no te haga desechar los consejos, ayuda o valoraciones de esa Elena que todos tendríamos que tener. La soledad es estupenda cuando se está acompañado.
 



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